ARGENTINA: LA MASACRE DEL 16 DE JUNIO DE 1955

El 16 de junio de 1955, aviones de la Marina y de la Fuerza Aérea, con la complicidad de sectores políticos y eclesiásticos, llevaron adelante un ataque sin declaración previa sobre la Plaza de Mayo y otros puntos del centro de la ciudad de Buenos Aires.

Con el objetivo de sembrar el terror y derrocar al gobierno constitucional, esta acción criminal, embrión del terrorismo de Estado, dejó más de 300 muertos y centenares de heridos.

Esta muestra contribuye a la memoria colectiva en la medida en que visibiliza un crimen de lesa humanidad que registra pocos antecedentes en la historia mundial y establece una reparación para con las víctimas, rescatándolas del olvido impuesto por el terrorismo de Estado.

Breve repaso de los hechos extracto del libro de Felipe Pigna, Los mitos de la historia argentina 4, Buenos Aires, Planeta, págs. 330-336.

Aquel 16 de junio, Perón llegó como todos los días muy temprano a la Casa Rosada. Empezó el día recibiendo al director de la SIDE, general de brigada Carlos Benito Jáuregui. Las noticias que traía el jefe de los espías eran preocupantes pero no estaban confirmadas. Perón decidió continuar con su actividad diaria y estar alerta a cualquier aviso. Al terminar la reunión y mientras esperaba al embajador de los Estados Unidos Albert Nufer, miró con cierto desgano la agenda oficial, sabiendo que según le anticipó Jáuregui todo podía cambiar de un momento a otro.

Dudaba todavía cuando llegó el embajador y comenzó una cordial entrevista. A eso de las nueve de la mañana, fueron interrumpidos, un poco intempestivamente, por el general Lucero, quien ingresó pidiendo disculpas con un marcado gesto de preocupación. Perón sabía que estaba programado un desfile aéreo en desagravio a la bandera nacional y a la memoria del Libertador José de San Martín por los destrozos producidos en la Catedral donde descansan sus restos. Pero Lucero estaba en condiciones de confirmar las sospechas del director de la SIDE: ese desfile podía ser aprovechado para bombardear la Casa de Gobierno y a su principal ocupante. Convenció al presidente de que se trasladara a su despacho en el Ministerio de Guerra, cruzando la avenida Paseo Colón.

Desde su nueva ubicación, a las 12.40 en punto, Perón pudo escuchar el sonido inconfundible de aviones de combate. Luego supo que eran los Avro Lincoln y Catalinas de la escuadrilla de patrulleros Espora de la Aviación Naval, coordinados por el almirante Samuel Toranzo Calderón y comandados por el capitán de navío Enrique Noriega. Era un ruido inesperado, nuevo en Buenos Aires que se estrenaba como la primera capital de Sudamérica en ser bombardeada desde el aire por sus propias fuerzas armadas, curiosamente por la Marina.

El plan de los golpistas era exhaustivo:

“1º El bombardeo de la Casa de Gobierno, donde se presumía estaría el presidente.
2º El copamiento por parte de civiles de edificios públicos y emisoras radiales.
3º El alzamiento de las unidades de Entre Ríos a las órdenes del general León Bengoa.
4º La movilización de las unidades de la Escuela de Artillería y de Aviación de Córdoba.
5º El alzamiento de la base naval de Puerto Belgrano; y
7º El despliegue de unidades de Infantería de Marina que atacarían por tierra posesionándose de edificios públicos y otras unidades de Ejército.” 1

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