Cómo garantizar a los niños una mejor salud a futuro

Especialistas de la Federación Argentina de Cardiología (FAC) destacan que los hábitos sedentarios y una dieta desorganizada y basada en comida ultraprocesada se han convertido en una verdadera hipoteca para el bienestar de las generaciones futuras. Lanzan la campaña “Hablemos del corazón de los niños”.

La obesidad y el sedentarismo se instalan a través de los hábitos adquiridos en la niñez y por eso es tan difícil para los adultos dar una pelea exitosa contra estas verdaderas epidemias globales, cuando ya se han convertido en una “bomba de tiempo” para la salud cardiovascular en la adultez.

“Los problemas de cardiología infantil que los médicos atienden en sus consultorios sólo afectan, afortunadamente, a muy pocos chicos; hablar del corazón de los chicos es hablar, sobre todo, de cómo se alimentan y se mantienen físicamente activos a través del juego, porque hoy la dieta basada en comida chatarra y otros productos industrializados, junto con un esquema de hábitos cada vez más sedentarios, están instalando en la población infantil los factores de riesgo que determinarán la salud cardiovascular de nuestra población en el futuro”, sostuvo el doctor Jorge Camilletti, médico cardiólogo y presidente de la Federación Argentina de Cardiología (FAC).

Esto no significa que cambiar el estilo de vida de los niños sea más fácil que hacerlo en los adultos. “La principal estrategia tiene que pasar por la motivación de los chicos, sobre todo para la actividad física, y eso sólo se logra inculcando hábitos sencillos de fortalecimiento de su autoestima y su sentimiento de seguridad; todo lo que los haga soltar las tablets y los celulares y evitar el aislamiento”, enfatizó por su parte la doctora Sandra Romero, médica cardióloga, cirujana infantil y miembro de la FAC.

HABITOS BUENOS Y MALOS

Según pusieron de manifiesto los especialistas de la FAC, los niños están desde muy pequeños en condiciones de entender, en su propio lenguaje y en base a ejemplos de su vida cotidiana, que hay hábitos buenos y malos para la salud. 

Pero a pesar de que todo parezca tan sencillo, “es evidente que no estamos encontrando estrategias eficaces para promover una mejor alimentación, porque la obesidad sigue aumentando a niveles alarmantes en todo el mundo”, advirtió el doctor Esteban Larronde, médico cardiólogo y secretario regional de Prensa y Difusión de la FAC.

En opinión de Larronde, dejar que los chicos jueguen es más importante que ponerlos a “hacer ejercicio”, y el problema central está en el consumo de productos industrializados: alimentos ultraprocesados, gaseosas y bebidas azucaradas, galletitas, snacks y demás, que nuestra cultura, a través de la publicidad y otros medios, parece haber convertido en la única dieta “socialmente aceptada”. “Nos están dando una comida que no es para seres humanos”, afirmó.

Al respecto citó recientes publicaciones en el marco de la Oficina de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que aconsejan restringir la publicidad de comida, y un trabajo científico publicado en julio de 2018 en el “Scandinavian Journal of Public Health”, donde se asegura que los lobbies de grandes empresas productoras de alimentos y bebidas en Europa no sólo buscan trabar el “impuesto al azúcar” (con el que los gobiernos buscan bajar el consumo de este ingrediente asociado directamente con la obesidad y la diabetes) sino que empiezan a utilizar estrategias discursivas “mentirosas” como las que en su momento utilizó la industria tabacalera, tratando de imponer la idea de que “fumar no es tan malo”.

“En este caso intentan imponer la idea de que mientras los chicos consuman “la porción justa” y se muevan más, son saludables. Una falacia con la cual buscan quitarse de encima toda responsabilidad”, remarcó.

“Si no hay consumo de frutas y verduras, el niño no recibe los nutrientes que necesita para su desarrollo aunque esté sobrealimentado”, admitió por su parte el doctor Alejandro Amarilla, ex presidente de la Sociedad de Cardiología de Corrientes y miembro de la FAC, quien destacó la necesidad de que chicos y adultos se muevan más. “La Organización Mundial de la Salud, la Asociación Americana del Corazón y la FAC coinciden en recomendar como mínimo una hora diaria de actividad física para los niños, desde los cinco hasta los 17 años, y de allí en adelante 150 minutos por semana”, recordó Amarilla.

Esto, desde luego, no sucede, “pero lo asumimos como algo normal, se les da a los chicos la tablet para que estén tranquilos y estamos los padres condicionando esas actitudes desde muy temprana edad, e incluso en la escuela se reducen los horarios de actividad física y se les da más tiempo de contacto con pantallas”, se lamentó.

Según Amarilla, el sedentarismo “viene asociado al desarrollo tecnológico, social y cultural que ha condicionado a que la sociedad entera se haya vuelto más sedentaria, ya que moverse no es necesario para trabajar o entretenerse”, puesto que “se obtiene todo desde una pantalla”.

La comunidad, en su opinión, no ayuda: “Debería haber espacios de actividad física seguros, sin riesgos para la salud y la integridad; espacios múltiples, abiertos, asistidos y con todo para que los chicos tengan ganas de ir”.

MENOS PANTALLAS

Es que además, nuevas investigaciones parecen afirmar que la tecnología juega su propio papel en los trastornos metabólicos que hacen al riesgo cardiovascular, pero de manera directa: “Así como existe el síndrome metabólico, hoy se habla del síndrome circadiano, que se da cuando el organismo está expuesto a un exceso de luz azul de noche y no tiene la suficiente exposición a la luz de día, y las pantallas que emiten luz del espectro azul en una hora en la que no estamos evolutivamente preparados para recibirlos son la principal causa”, aseguró Larronde.

El metabolismo está regulado entre otros factores por un “reloj biológico interno” o ritmo circadiano del organismo, explicó, y si el ritmo circadiano es alterado habitualmente “produce síndrome metabólico, trastornos del sueño y predisposición a la obesidad, lo cual sumado a la alimentación industrial basta para conformar un “combo perfecto” para poner en riesgo la salud cardiovascular desde la más tierna infancia”.

QUE DICEN LOS NIÑOS

A partir de una serie de preguntas sencillas, Romero realizó un relevamiento entre niños de tres escuelas primarias -ubicadas en la provincia de Buenos Aires, en el Litoral y en la Patagonia- en el marco de la Campaña Hábitos Saludables de la FAC, para conocer algunos de sus hábitos e identificar así los potenciales de cambio.

Los resultados mostraron que a más del 92% de los chicos “le gusta ir a la escuela”, y sólo menos de un 7% dijo que no le gusta, aunque se dio la particularidad de que, en este último grupo, que a primera vista pareciera el más “refractario” al cambio de hábitos, “sí les gusta hacer gimnasia”.

En general, la actividad física en la escuela los divierte, y un 58% de los chicos practica algún deporte o actividad física fuera de la escuela.

Participaron de la encuesta niños de tres grupos de edades -de 6 y 7 años, 8 y 9, y de 10 y 11 años- que respondieron con ayuda de sus padres. En esas condiciones, el informe indica que “todos los grupos etarios tienen conocimiento de lo que es una alimentación saludable y tratan de expresarlo comentando lo variado de sus alimentos y manifiestan que las llamadas “comidas chatarra” son muy esporádicas”.

Un 32% de los chicos reconoce pasar muchas horas al día con los videojuegos, mientras que un 67% dice jugar con sus tablets, playstations, Xbox o computadoras “pocas horas por día” o “sólo los fines de semana”. 

“No todos conocen los riesgos de estar demasiado tiempo pegados a las pantallas”, comentó Romero, quien indicó que en el grupo etario de 6 y 7 años, donde se encuentra la menor proporción de adeptos a este hábito, “los pequeños reciben un mayor control y límites sobre las horas de juegos tecnológicos”.

El grupo de entre 11 y 12 es el que muestra mayor afinidad al uso excesivo y a aislarse. El 5,5% del total expresó “no tener amigos”. “Son en general los que menos duermen y pasan más de cuatro horas con los juegos electrónicos”, revelan los resultados el relevamiento.

Asimismo, señala que el turno mañana es el que permite o induce hábitos más ordenados, mientras que los horarios del turno tarde suelen inducir a que se acuesten más tarde y duerman menos, y alteren los horarios de las comidas, incluso salteándose el desayuno.

“En general a todos los chicos les gusta hacer actividad física, y si no les gusta es porque los han “rigoreado”, o les han dicho que no pueden, o los tratan de “gordos”, por eso la estrategia debe ser la motivación positiva: todos pueden, todos deben y todos somos compañeros”, recalcó Romero.

Luego, apuntó que es cuestión de aplicar el ingenio para que las modificaciones al estilo de vida puedan ser funcionales al desarrollo de la cotidianeidad. No hace falta, por ejemplo, ir al gimnasio: si se dispone de una bicicleta, se levanta ligeramente 1 o 2 centímetros del suelo la rueda trasera con un soporte seguro para que permanezca en el aire, y se puede practicar bicicleta fija mientras se mira televisión. O se puede conseguir un cajón y practicar step como si subiera y bajara por una escalera. “En este sentido, los médicos tenemos que dar soluciones fáciles y no poner obstáculos, porque el país es muy grande y las diferencias entre culturas y formas de vida también lo son”, instó la doctora.

VENTANA DE OPORTUNIDAD

“Si evaluamos las estadísticas mundiales sobre obesidad y sobrepeso, vemos que la tendencia nos aleja cada vez más de nuestro objetivo de evitar que este factor de riesgo se instale desde la niñez”, subrayó el doctor Pablo César Spada, secretario regional de Prensa y Difusión de FAC.

El profesional coincide en que la obesidad afecta de manera directa la vida de los niños, ya que los hace más propensos a sufrir trastornos del sueño y de la respiración. “Tal vez las consecuencias en la infancia no tengan tan fuerte impacto en la salud cardiovascular como en los adultos, pero los niños obesos, de no corregir su estilo de vida, estarán predispuestos en la etapa adulta a los riesgos de la insulinorresistencia y síndrome metabólico, al aumento del colesterol, de la presión arterial y al desarrollo de diabetes”, sostuvo Spada.

Amarilla agregó que, si no se cumplen los requerimientos mínimos de ejercicio, “tenemos complicaciones a nivel físico, cardiorrespiratorio, muscular y también cognitivo, trastornos del equilibrio y la capacidad aeróbica”.

La doctora Paula Quiroga, cardióloga especialista en Rehabilitación Cardiovascular y ex presidente del Comité de Cardiología del ejercicio de FAC, apuntó que la primera y segunda infancia y la adolescencia son el período de edad en que la persona desarrolla todas sus capacidades físicas, algunas de las cuales ya no podrá seguir desarrollando en la edad adulta.

Por eso, “el sedentarismo en esta edad afecta al desarrollo de los sistemas energéticos, que son los responsables de que el organismo tenga una buena metabolización, y si el músculo no tiene un buen desarrollo no va a poder utilizar los combustibles que le requiere un entrenamiento, por eso afecta a la capacidad física durante toda la vida”, explicó la especialista.

Esta situación incrementa notablemente el riesgo cardiovascular, y muchas veces es el único antecedente que se encuentra en casos de infarto precoz, alrededor de los 30 años.

“Si bien todas las escuelas cuentan con horas de actividad física, en general no suele ser suficiente”, opinó la doctora, por lo que recomienda a los padres “promover el ejercicio en los chicos, obviamente a través del juego, pero también acercándose a los polideportivos, que ofrecen diferentes actividades donde, antes que un entrenamiento en un deporte específico, se favorece el desarrollo de diversas habilidades y capacidades motoras”.

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