La Independencia en Tucumán: entre Bolívar y San Martín

Fue el 9 de Julio de 1816, el resultado de la lucha de hombres y mujeres que creyeron en un ideal independentista con el influjo del sentir americano.

“La revolución de América no fue un suceso repentino que debía sorprender a un sujeto medianamente pensador”, escribió el legislador de la Junta Grande, Juan Ignacio Gorriti en su “Autobiografía Política”. “El sistema inquisitorial de la política del gabinete observada en las colonias; las trabas que sugería a la industria y a la cultura; el monopolio tan escandalosos del comercio peninsular; la postergación tan general y descarada que en toda la extensión de la monarquía sufrían los americanos; eran causas-prosiguió el futuro gobernador de Salta- de que se quejaban en voz muy alta, se murmuraba con acrimonia y se manifestaban síntomas de violencia que preparaban una explosión”.

Entre las invasiones inglesas de 1806 y 1807 hasta la caída de la Junta de Sevilla tras el triunfo napoleónico, se replanteó en el continente americano nuestro destino de colonia y el fenómeno del “juntismo” campeó en las distintas ciudades virreinales.

Mayo de 1810 deparó la Primera Junta y la Junta Grande, a la que le siguieron el Primer y Segundo Triunvirato, para luego erigir la figura del Director Supremo, mientras las armas criollas se batían contra los realistas.

El Director Supremo Carlos de Alvear, frente al descontento generalizado por su centralismo sufrió la oposición decidida de José Gervasio de Artigas y las provincias del litoral, a la que se sumó el coronel Ignacio Alvarez Thomas y parte del ejército patrio en el Motín de Fontezuelas del 3 de abril de 1815.
“La revolución de abril de 1815 estaba consumada. Por primera vez, desde que se iniciara el movimiento de mayo, participaban en una convulsión, diferentes regiones del país, -alegó Ricardo R. Caillet- Bois en “Historia de la Nación Argentina”, volumen VI, primera sección, dirigida por Ricardo Levene-, agregando que: “la facción derribada, caía por no haber querido escuchar la voz del pueblo”.

Y sumó que “las provincias recibían con el júbilo consiguiente la desaparición de Alvear y los suyos: Montevideo, Santa Fe, San Luis, Córdoba, Santiago del Estero, Salta y Tucumán, daban fe de la alegría que embargaba a sus habitantes”.

Pero a ello le siguió el Estatuto de 1815, una proto constitución de origen federal pero de contenido unitario, el cual amén de organizar lo institucional, planteó la necesidad de un congreso, el cual se celebraría en Tucumán.

SITUACION COMPLEJA
La situación del momento fue compleja: Mientras la lucha en el Alto Perú continuaba, el 29 de junio de 1815, el Congreso de Oriente en Arroyo de la China -actualmente la ciudad entrerriana de Concepción del Uruguay- declaró la Independencia de España y de toda otra potencia adoptando la bandera, azul y blanca, tal como la creada por Manuel Belgrano a orillas de río Paraná, pero con una franja roja cruzada.

A fines de ese año el cura José María Morelos fue abatido en México, sumada la invasión realista de Pablo Morillo en Nueva Granada que obligó al Libertador Simón Bolívar a retirarse a Jamaica. Mientras que en Chile, desde 1814, las fuerzas patriotas sufrían los embates realistas.

Precisamente Bolívar brindará el fundamental aporte de su Carta de Jamaica, fechada el 6 de septiembre de 1815. Allí, en respuesta a un súbdito británico, detalló los sucesos de la emancipación americana, señalado, con respeto al sur del continente, que: “El belicoso Estado de las Provincias del Río de la Plata ha purgado su territorio y conducido sus armas vencedoras al Alto Perú, conmoviendo a Arequipa, e inquietando a los realistas de Lima. Cerca de un millón de habitantes disfruta allí de su libertad”.

Se lamentó Bolívar por no recibir apoyo externo: “nosotros esperábamos con razón que todas las naciones cultas se apresurarían a auxiliarnos… Sin embargo ¡cuán frustradas esperanzas! No sólo los europeos, pero hasta nuestros hermanos del Norte, se han mantenido inmóviles espectadores de esta contienda”.

Profetizó, finalmente, una deseable unión continental: “las provincias americanas se hallan lidiando por emanciparse; al fin obtendrán el suceso; algunas se constituirán de un modo regular en repúblicas federales y centrales; se fundarán monarquías casi inevitablemente en las grandes secciones, y algunas serán tan infelices que devorarán sus elementos… Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación… Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería por consiguiente tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse; mas no es posible porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes, dividen a la América. Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios, a tratar de discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra con las naciones de las otras tres partes del mundo”.

SIMILITUD DE INTENCIONES
El historiador A. J. Pérez Amuchástegui vio similitudes de intenciones entre dicha Carta de Jamaica y la “Declaración de Julio” de 1816, con el correlato de la campaña sanmartiniana. Para ello, valiéndose en los estudios del general Bartolomé Mitre, refirió que las “Instrucciones reservadas impartidas a San Martín para su campaña sobre Chile, expedidas por el Director Supremo el 21 de diciembre de 1816, señalan de manera categórica e indudable la intencionalidad que sustenta la denominación Provincias Unidas en Sudamérica”.

Allí se planteó que: “… se constituya una forma de gobierno general, que de toda la América unida en identidad de causa, intereses y objeto, constituya una sola nación”.
Esto fue en línea al pensamiento sanmartiniano, “expresado de manera categórica al diputado mendocino Tomás Godoy Cruz en carta del 24 de mayo de 1816” -refirió Amuchástegui en el tomo II de Crónica Histórica Argentina- donde nuestro Padre de la Patria sentenció: “Los Americanos o Provincias Unidas no han tenido otro objeto en su Revolución que la emancipación del mando de fierro Español y pertenecer a una Nación”.

El 9 de Julio de 1816 fue, en San Miguel de Tucumán, el resultado de la lucha de hombres y mujeres que creyeron en un ideal independentista con el influjo del sentir americano que desde México a nuestras tierras nos ha hermanado, siendo ese sentimiento interpretado por nuestros Libertadores Bolívar y San Martín, esperando que estemos a la altura de su lucha emancipadora.

Por Pablo A. Vázquez *

* Licenciado en Ciencia Política; Docente de la UCES; Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.

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