Adolescentes, entre los riesgos y las oportunidades

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Una experta en neurociencias explica en su libro qué es lo que sucede durante esta etapa de la vida a nivel cerebral. Un conocimiento fundamental para favorecer desde la crianza, la educación y la sociedad en su conjunto el desarrollo saludable de nuestros jóvenes.

Hasta hace unos años se creía que el cerebro se desarrollaba en los primeros seis años de vida pero hoy se sabe que el cerebro termina de desarrollarse en la tercera década de la vida, es decir entre los 20 y 25 años. Por lo tanto, hay áreas cerebrales que están inmaduras hasta esa momento. Así lo explicó, en una entrevista, Teresa Torralva, doctora en Neurociencias, directora de Fundación Ineco y autora del libro “Cerebro adolescente” (Paidós), que se presentó el martes último.

Según detalló la especialista, la última área en desarrollarse es la de los lóbulos frontales, vinculados principalmente con funciones de cognición social.

“Esto significa teoría de la mente, que es entender que el otro piensa y siente en forma diferente; empatía, que es no solo ponerme en el lugar del otro sino también hacer un plan para acompañarlo, ayudarlo en su problema; tareas como el control de los impulsos y la regulación de las emociones”, enumeró Torralva para luego añadir: “Esta área también se ocupa de la toma de decisiones, que en los adolescentes está sesgada precisamente por la inmadurez cerebral”.

– ¿Qué el cerebro adolescente madure más temprano o más tarde depende de factores solo biológicos o también ambientales?

– El hecho de que el cerebro se desarrolla hasta la tercera década de la vida es general. Pero con las experiencias ambientales uno puede propiciar que este desarrollo se dé en forma normal o que aparezcan algunos factores de riesgo y que este desarrollo sea anormal. Este concepto que introduzco en el libro, llamado “epigenética”, se refiere a cómo los factores ambientales pueden modificar la programación genética. Por lo tanto, aquello que estaba predeterminado para ser de una manera, con ciertos estímulos ambientales, puede ser modificado. Para los padres, los educadores y la sociedad en general es importante saber cuáles son aquellos factores que propician un desarrollo cerebral adolescente normal y cuáles son los que pueden ponerlo en riesgo.

– ¿Qué significa que el cerebro “no está desarrollado” hasta la tercera década de la vida?

– Lo que está inmaduro son las conexiones largas entre el área de los lóbulos frontales y el resto del cerebro. Es como si el cableado no estuviera del todo tirado. Eso es lo que se tiene que ir fortaleciendo y lo que termina de madurar recién entre los 20 y 25 años. Los estímulos ambientales son muy importantes para estas conexiones, llamadas “sinaptogénesis”, que permiten la comunicación entre las neuronas.

– ¿Cuáles son los estímulos ambientales que propician una mejor conexión neuronal?

– La educación, el entrenamiento cognitivo (por ejemplo, tomar clases de música, de ajedrez o cualquier cosa que genere un entrenamiento intelectual), el ejercicio físico, las relaciones con los pares, las conexiones sociales, son todos estímulos necesarios para que el desarrollo cerebral se dé en forma normal. También se sabe que la espiritualidad tiene un efecto protector en los adolescentes porque los estudios demuestran que quienes pertenecen a un grupo religioso, en general, tienen menores niveles de angustia, de depresión, de consumo de tabaco, alcohol y drogas.

– ¿Cuánto influye la alimentación?

– Siempre la alimentación es un factor clave para tener la salud física que permite que se den estos cambios. Desde ya que una mala nutrición desde el inicio de nuestras vidas tiene un impacto directo sobre el desarrollo cerebral. Se sabe que una dieta balanceada en todas las edades -con presencia de pescados, verduras, frutas y proteínas- propicia un buen desarrollo físico y mental.

EL FACTOR ESTRES

– ¿Qué factores atentan contra el sano desarrollo cerebral?

– El consumo de alcohol, de drogas, los altos niveles de estrés… se sabe que los adolescentes muy estresados funcionan peor en una serie de pruebas tanto cognitivo-conductuales como académicas.

El estrés es un punto muy interesante porque el cerebro adolescente no reacciona ante él de la misma forma que el de los adultos. Para los adolescentes uno de los factores más estresantes es la relación con los pares -con la pareja, con los amigos- y también la estimulación extra que muchas veces los adolescentes tienen, por ejemplo, con las actividades extracurriculares. El estrés afecta dos estructuras principales: el hipocampo (que se ocupa de la memoria) y la corteza prefrontal. Por eso, cuando están muy estresados, los adolescentes tienen mayor riesgo de aprender menos y de memorizar menos, es decir que pueden tener problemas de aprendizaje. En la adolescencia, las estructuras vinculadas con el estrés (hipocampo, corteza prefrontal y amígdala) están hiperactivadas frente a cualquier estímulo estresante, especialmente los sociales.

– ¿Durante la adolescencia solo se multiplican las conexiones neuronales o también se pierden?

– En la adolescencia hay una gran sinaptogénesis, es decir crecimiento neuronal con mayores conexiones neuronales, con su consecuente poda. Esto es la “economía de nuestro cerebro”: todo aquello que no se usa, se pierde. A los 18 o 20 años se produce la segunda poda neuronal y se pierde el 40% de las conexiones neuronales, que no fueron utilizadas y que no son necesarias. En tanto, se cablea más fuertemente aquello que está en uso.

– De modo que no es una poda que haya que lamentar.

– Exacto. Es positivo. Es un marcador de madurez. Es como un sintonizado fino, dependiendo de los diferentes estímulos que cada cual recibe. 

– ¿Por qué hay más predisposición al riesgo durante la adolescencia?

– Se debe específicamente a esta inmadurez que hay entre un desarrollo emocional muy marcado -las estructuras cerebrales vinculadas con las emociones están hiperactivadas en la adolescencia- versus un lóbulo frontal, áreas vinculadas con lo racional, con el control de los impulsos, inmaduros. Esta inmadurez de las conexiones largas entre el lóbulo frontal y el resto de las estructuras hace que los adolescentes sean más tomadores de riesgo.

APATIA Y DOPAMINA

– Una de las características que se suelen remarcar respecto de los adolescentes es la apatía o desinterés que muestran ante distintos aspectos de la vida. ¿Esto tiene algo que ver con el desarrollo cerebral?

– Sí. Los adolescentes se caracterizan por grandes fluctuaciones por las que pueden estar absolutamente apáticos y desinteresados y, a la vez, súper hiper conectados en un correr de horas. Hay muchas fluctuaciones emocionales y esto tiene que ver con la regulación de este nodo que constituye la corteza prefrontal. Tenemos en nuestro cerebro un sistema de recompensa natural que hace liberar un neurotransmisor llamado dopamina ante sensaciones de placer y satisfacción. Sucede que en la adolescencia no se libera dopamina frente a los mismos estímulos que durante la infancia. Por ello los intereses ya no son los mismos. No les interesa para nada lo que les interesaba hace un par de años y probablemente les interesen cosas diferentes a las que les interesarán de adultos. Esa liberación de dopamina natural que tenemos en el cerebro, en los adolescentes solo pasa por aquello que los estimula, que en general tiene que ver con las relaciones sociales, las relaciones de pareja y con estímulos como la tecnología… áreas muy específicas.

– ¿Hay estudios que hayan comprobado si el cerebro de los adolescentes tecnológicos nativos es distinto al de adolescentes que no nacieron usando la tecnología?

– Me encantaría pero no he encontrado ningún estudio que compare el cerebro no tecnológico versus el cerebro de nativos tecnológicos. Estoy segura que falta un poco de tiempo para eso. Recién ahora estamos en una generación que es de verdad de nativos tecnológicos por lo que no ha pasado tanto tiempo como para generar esa evidencia sobre la cual preguntás. No obstante, se sabe qué es lo que pasa con los chicos que hoy utilizan mucha tecnología en comparación con los que la utilizan menos y hacen más ejercicio físico. La tecnología es un factor de estrés. Tiene muchos factores positivos que son obvios (conexión entre personas que están a larga distancia, el avance de la tecnología para la medicina, la rápida comunicación entre la gente) pero se sabe que tiene efectos perjudiciales. Hoy los estudios dicen con bastante firmeza que aquellos adolescentes que usan más horas las tecnologías -ya sea dispositivos celulares, computadoras, redes sociales- tienen niveles de estrés más altos que aquellos que hacen ejercicio físico. Los chicos que usan más horas la tecnología tienen mayor afectación cognitiva, bajos niveles de atención y mayores niveles de depresión y de ansiedad.

NUEVO PARADIGMA EDUCATIVO

– ¿Qué cambios en la educación exige el cerebro adolescente actual?

– La innovación educativa necesita incorporar estos conocimientos acerca del cerebro adolescente. Contrariamente a lo que preveía la educación tradicional, de hacer que los chicos empiecen a trabajar de forma más individual al entrar al secundario, deberían trabajar en grupo ya que es mucho más estimulante para ellos. 

Es fundamental también ver cómo podemos incorporar en la educación el factor del rechazo social que es clave para los adolescentes. Porque un adolescente que sufre bullying y que es rechazado por sus pares es muy difícil que aprenda, ya que está atravesando por este mecanismo de estrés que impacta en las áreas cerebrales importantes para el aprendizaje. Hay que incorporar no solamente habilidades cognitivas -como memorizar información o atender- sino habilidades intrapersonales que son conocerse a sí mismos, ayudarlos a entender por qué les pasa lo que les pasa, por qué toman decisiones de la forma en que las toman, qué es lo que sucede, qué es lo que está pasando en el cableado cerebral. Y, al mismo tiempo, habilidades interpersonales: cómo lograr a través de la educación que los adolescentes tengan mayores habilidades de relación con el otro, de empatía, de teoría de la mente, de toma de decisión conjunta, porque después la vida se transforma en eso, en un trabajo en equipo.

– ¿Qué es lo que la sociedad en general puede hacer para allanarle el camino a los adolescentes durante el tránsito por esta etapa?

– Desde el punto de vista de la sociedad hay ciertas políticas públicas que pueden pensarse incorporando estos conocimientos. Quizás uno de los aspectos más preocupantes sea el consumo temprano de sustancias (tabaco, alcohol y drogas). Un campo interesante para trabajar desde la sociedad en general es generar conciencia de las consecuencias que tienen estas sustancias sobre el cerebro en desarrollo, tratar de prevenirlas fuertemente -que no es fácil- en escuelas, en la calle, en los boliches, en todos los ambitos posibles.

Por otra parte, en base a los conocimientos de las neurociencias relacionados con la educación, se pueden generar políticas públicas. También resulta necesario que los profesionales de la salud que trabajen con adolescentes conozcan y tengan más información sobre estas cuestiones.

– ¿De qué forman pueden los padres promover un desarrollo cerebral saludable de sus hijos adolescentes?

– Hay estudios que demuestran que los padres más competentes parecieran ser aquellos que son los más amorosos -los que brindan mucho amor- pero a la vez muy exigentes. Es decir, amor más exigencia. Si bien no es fácil, si uno actúa de esta manera evita todos los “no”. La exigencia es necesaria para poder hacer una buena crianza, especialmente en la adolescencia.

El segundo punto importante es que la comunicación con los adolescentes no debe ser desde un podio, no hay que hablarles de lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer sino “yo pienso esto” y “yo siento esto”. Es una forma de comunicación que se sabe que en la adolescencia es la más eficiente. “Yo pienso que tenés que volver a las tres de la mañana por este motivo y por este otro”. Y, si no lo hacen y hay un intercambio de palabras, es “yo me siento defraudada”. Porque es difícil discutir contra lo que el otro siente.

Como padres tenemos que entrenarlos para poder identificar los sentimientos y que ellos puedan de a poquito empezar a empatizar con lo que su conducta genera en nosotros.
Tercero, e importantísimo también, es lo que se llama la escucha activa. Se trata de escuchar a nuestros adolescentes no de los oídos para afuera, con el celular en la mano o mirando televisión, sino intentar sentarnos con ellos y realmente escuchar con el corazón, con la mente, con los oídos y con el cuerpo qué es lo que quieren, qué es lo que les pasa, qué es lo que necesitan y después comunicarnos con ellos con esos mensajes más del tipo “yo”. Esa combinación es la que, según la ciencia de la buena crianza, reune los puntos más relevantes a la hora de la adolescencia.

Además, es interesante pensar que cuando los hijos entran en la adolescencia la mayoría de los padres está entrando en la mitad de la vida, lo cual hace coincidir dos momentos de crisis que atraviesan los padres y los hijos al mismo tiempo. En ese sentido, hay una serie de consejos a tener en cuenta como no estar solo pendientes de nuestros adolescentes, ya que ellos se están despegando de los padres, quieren ser independientes, no les interesa compartir. Los padres tienen que empezar a tener vida propia, necesitan tener proyectos, si están trabajando poner energía en su propio trabajo y, si habían dejado de trabajar, es hora de buscar un proyecto, un hobby, algo que los motive, en cambio de depositar todas las expectativas en ellos.

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